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Que hacer si mi hijo quiere volver del campamento de verano

¿Qué hacer si mi hijo se quiere volver del campamento?

Una de las preguntas habituales que se plantean muchos padres es qué hacer si nuestro hijo quiere volver del campamento.

No es habitual, pero tampoco extraño, que algunos niños pidan regresar a casa en un campamento, especialmente los primeros días y si no han salido nunca de casa. Esto suele deberse a la nostalgia o a la dificultad inicial de adaptarse a un entorno nuevo.

Como padres, es importante manejar esta situación con calma y perspectiva.

Son las nueve de la noche y acaba de llamar llorando. Dice que quiere volver a casa. Que no está bien. Que lo está pasando mal.

Y tú, que llevas días intentando estar tranquilo, de repente no sabes qué decir. Una parte de ti quiere coger el coche ahora mismo. Otra parte sabe que probablemente no debes. Y en medio de las dos, hay un niño al teléfono esperando que le digas algo que le ayude.

Respira. Lo que está pasando tiene solución. Y lo que sientes tú también es normal.

¿Cómo actuar si mi hijo se quiere volver del campamento?

No te precipites a actuar.

Es crucial no tomar decisiones impulsivas. Recuerda que la mayoría de los niños superan estas emociones en poco tiempo y terminan disfrutando plenamente de la experiencia. Siempre ponemos el ejemplo del primer día de guardería o de colegio, en el que se suele llorar o no se quieren quedar.

Enfoca las llamadas hacia lo positivo.

Cuando hables con tu hijo, evita transmitirle tus propias emociones de tristeza o nostalgia. En su lugar, pregúntale sobre las actividades, los amigos nuevos y los momentos divertidos. Esto les ayudará a enfocarse en los aspectos positivos y las oportunidades que brinda la experiencia de un campamento.

Consulta con los monitores o el coordinador del campamento.

El personal del campamento tiene una visión más objetiva de cómo se está adaptando tu hijo. Ellos pueden proporcionar detalles sobre su comportamiento y ofrecer estrategias para ayudarle a integrarse mejor.

En la mayoría de las ocasiones los niños y niñas no suelen tener problema mientras que están haciendo las actividades con su grupo. Al fin y al cabo, estan jugando y divirtiéndose y no se acuerdan de sus padres hasta que llega la hora de las llamadas telefónicas o las dos primeras noches a la hora de dormir.

Sin duda, si se pudiera mirar por un agujerito al niño durante el día, los padres estarían mucho más tranquilos cuando algún niño se quiere volver de un campamento.

¿Cuándo tiene sentido sacarlo y cuándo no?

Esta es la pregunta que ningún padre quiere hacerse pero todos se hacen. Y merece una respuesta honesta, no solo tranquilizadora.

En la gran mayoría de los casos, la respuesta es: no lo saques todavía.

No porque el malestar de tu hijo no importe. Sino porque sacarlo en medio de la morriña o del primer conflicto le priva de la oportunidad de descubrir que podía con ello. Y ese descubrimiento, que puede solo, es uno de los aprendizajes más importantes que puede llevarse del campamento.

Los monitores ven esto cada año. El niño que llora el lunes por la noche es, con mucha frecuencia, el que el miércoles no quiere colgar el teléfono porque está en medio de un juego con sus nuevos amigos.

Las señales que indican que sí conviene plantearse sacarlo:

  • Los propios monitores o coordinadores del campamento te recomiendan recogerle, porque ellos tienen una visión objetiva que tú desde casa no puedes tener.
  • Lleva más de tres o cuatro días con el mismo nivel de angustia sin ninguna mejora, y los monitores confirman que no se integra ni en los momentos de actividad.
  • Muestra síntomas físicos persistentes que el equipo médico no puede atribuir a una causa menor, (aunque en ese caso el coordinador ya se habrá puesto en contacto).
  • Ha ocurrido algo concreto en el campamento, un conflicto serio que le ha afectado y que no se puede gestionar bien.

Las señales que indican que debes esperar:

  • Llora cuando habla contigo pero los monitores te dicen que durante el día está bien y participa. Es el caso más habitual con diferencia, especialmente la primera vez.
  • Pide volver pero no puede explicar por qué ni menciona nada concreto que haya pasado.
  • Lleva menos de dos o tres días en el campamento y es su primera vez fuera de casa.
  • El malestar coincide con las horas de llamada o con la noche, pero se disipa durante las actividades.

Hay una regla no escrita entre los profesionales del ocio educativo que conviene conocer: si el niño está mal solo cuando habla contigo pero bien el resto del tiempo, el problema no es el campamento. Es la separación. Y la separación se supera quedándose, no volviendo.

Antes de tomar cualquier decisión, habla con el coordinador del campamento y pregúntale con honestidad cómo está tu hijo cuando no está al teléfono. Esa conversación, más que ninguna otra cosa, te dará la información que necesitas para decidir bien.

Confía en el proceso.

Los campamentos están diseñados para ofrecer un entorno seguro y enriquecedor. La mayoría de los niños logran adaptarse y disfrutar, aprendiendo lecciones valiosas sobre resiliencia y autonomía.

Es importante también relativizar la gravedad del asunto. Recuerda que tus hijos están bajo la tutela de personas que se dedican a esto y se encuentran en un lugar en el que está jugando y conviviendo con otros niños.

Podrá echar de menos a sus padres en momentos determinados o costarle adaptarse a nuevas situaciones, pero eso es una parte fundamental de salir fuera de casa.

También hay veces que se juntan circunstancias especiales o conflictos que no tienen que ver con el campamento y pueden afectar. Si el niño ha tenido problemas escolares, familiares o similares podrían estar dificultando su adaptación.

Los miedos durante un campamento pueden surgir por nostalgia o inseguridad inicial. Reconocer estas emociones y abordarlas adecuadamente permitirá que tu hijo las supere y disfrute del campamento.

Lo ideal sería haber hecho cierto trabajo preparativo previo pero si no ha sido posible, podemos abordar el que un niño quiera volver de un campamento de forma natural.

Estrategias clave para abordar los miedos.

  • Mantener la calma y no transmitir nervios o preocupación. Es fundamental mantener a raya nuestros propios temores de padres.
  • Habla con ellos sobre lo que les preocupa pero también de las oportunidades que se le brindan y tranquilízales sin exagerar sus temores. Cuando miramos solo “lo malo”, solo veremos cosas “malas”.
  • Refuerza su capacidad de adaptación mencionando ejemplos de momentos en los que han superado desafíos.
  • Haz un seguimiento con los monitores para evaluar su progreso y bienestar.

Ver: ¿Qué hacer cuando un niño siente miedo o nostalgia?

Conclusión.

Si tu hijo pide volver del campamento, es importante abordar la situación con paciencia y apoyo. Con una actitud positiva, comunicación abierta y el respaldo del personal del campamento, es posible transformar esta situación en una oportunidad de crecimiento para tu hijo.

Salvo una circunstancia o problema importante, es un proceso normal y forma parte de la experiencia.

Para más información, consulta esta guía para padres sobre campamentos de verano.

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Israel Perez-Lorenzo

Pedagogo y profesional del ocio educativo, vinculado a los campamentos de verano desde la infancia. Director, coordinador y formador en más de un centenar de programas y actividades de tiempo libre. Más de 30 años de trayectoria profesional ligada a la educación en el tiempo libre.

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