No es solo mi trabajo, es lo que he vivido desde que nací.
No fue una decisión, fue una consecuencia
Me llamo Israel Pérez-Lorenzo y llevo toda mi vida vinculado a los campamentos de verano y al ocio educativo, con más de 30 años de experiencia profesional.
Y no es una frase hecha: empecé desde bebé.
Mis padres fundaron la asociación y, durante años, me llevaron a todas las actividades que organizaban. Entre campamentos, cursos de esquí y salidas de fin de semana, crecí en ese entorno hasta convertirme —como se decía entonces— en la mascota del grupo. Con el tiempo dejé de ser “el niño que siempre estaba allí” para pasar a ser acampado, monitor, coordinador y, finalmente, director.
Trayectoria vital: de acampado a director (sin saltarme etapas)
He vivido los campamentos desde todos los puntos de vista posibles.
Como niño que vive estar fuera de casa, como monitor que aprende que un grupo no se gestiona solo con ganas, como coordinador que acompaña a equipos… y como director responsable de que todo tenga sentido educativo, funcione con la máxima seguridad y el mejor cuidado.
Hoy sigo ejerciendo como coordinador y director, además de formar parte del equipo docente de la escuela de tiempo libre, donde imparto cursos de monitores y coordinadores.
A lo largo de los años he participado en cientos de actividades: campamentos quincenales, minicampamentos, cursos de esquí, viajes de fin de curso, excursiones y programas educativos de todo tipo. Los suficientes como para poder decir, sin exagerar, que he pasado gran parte de mi vida en campamentos.
Trayectoria profesional, formación y mucho aprendizaje práctico
Empecé con 16 años colaborando ya como monitor titulado durante todas las actividades que se hacían en época no lectiva.
A los 19 comencé a coordinar mis primeros grupos y, con 20 años, dirigí mi primer campamento completo.
Desde entonces —y ya han pasado más de tres décadas— he estado vinculado de forma ininterrumpida a la educación en el tiempo libre. He formado a la mayoría de los más de 2.000 alumnos que han pasado por los cursos oficiales de Monitor y Coordinador de Tiempo Libre de Eduma.
En Eduma, como entidad, llevamos más de 50 años trabajando con miles de familias que han confiado en nosotros para la educación y el ocio de sus hijos.
Soy pedagogo y cuento con las titulaciones oficiales de:
Como Formador de formadores y director, coordino el equipo docente y la formación en las Escuelas de Tiempo Libre de Eduma, reconocidas oficialmente por la Comunidad de Madrid (1988) y Castilla‑La Mancha (2023).
También he participado durante varios años en la gestión de un albergue juvenil, lo que me ha permitido conocer el ocio educativo no solo desde la programación, sino también desde el día a día real de las instalaciones.
Dicho de otra manera: además de estudiar cómo deben ser las cosas, me ha tocado hacerlas funcionar.
Campamentos como los de antes… y como los de ahora
Empecé cuando los campamentos se hacían en tiendas, con letrinas, y por la mañana aparecían vacas alrededor del campamento. En los años 80 incluso llegamos a escuchar si “éramos huérfanos”, porque aquello no se parecía demasiado a lo que hoy se entiende por actividad organizada.
Jugábamos al pañuelo, al rescate, al escondite al anochecer… y nadie preguntaba por el móvil, entre otras cosas porque no existía. Muchas cosas han cambiado —y muchas han mejorado—, pero haber vivido esa época me ayuda a tener perspectiva y a entender qué es esencial y qué es accesorio.
“En los campamentos uno acaba disfrazándose de César, de emperador… o de lo que haga falta. Forma parte del trabajo cuando educas desde el juego.”
Mi manera de entender el ocio educativo
Para mí, un campamento no es solo una actividad ni una forma de ocupar el verano. Es una experiencia de crecimiento. Aprender a convivir, salir de casa durante unos días, gestionar frustraciones, ganar autonomía y descubrir que uno puede más de lo que cree.
Para mí, también a nivel personal, el tiempo libre es un espacio privilegiado para aprender, crecer y descubrirse, y es un privilegio poder dedicarme profesionalmente a ello desde hace tantos años.
Por eso defiendo que el campamento prepara para la vida, y no al revés. No hace falta estar “preparado” para ir a un campamento; es precisamente el campamento el que ayuda a prepararse.
Una reflexión necesaria (sin dramatismos)
En los últimos años se ha generalizado el uso del término “campamento” para actividades que, en realidad, son escuelas de verano u otras propuestas puntuales donde los niños no duermen fuera de casa. Entiendo las necesidades de las familias y el contexto actual, pero creo que es importante llamar a cada cosa por su nombre y no perder el valor educativo que tiene un campamento bien planteado.
También soy crítico con la sobreprotección excesiva. Educar implica acompañar, no eliminar cualquier dificultad. Y los campamentos, bien entendidos, son un espacio privilegiado para hacerlo desde la convivencia y el juego.
Tuve la ocasión de compartir esta visión en una entrevista que me realizaron en el portal de campamentos SoloCampamentos.
Para terminar, algo personal
“Por circunstancias, no tengo hijos, pero llevo casi toda una vida disfrutando y cuidando de los hijos de otros.”
Quizá por tener tantos hijos temporales repartidos por campamentos, sigo creyendo que trabajar con niños y jóvenes en estos espacios es una responsabilidad enorme… y también un privilegio.