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El dia a dia en la vida de un monitor de tiempo libre

Un día en la vida de un monitor de tiempo libre: rutinas, retos y momentos que no olvidarás

¿Alguna vez te has preguntado qué hay detrás de la sonrisa de un monitor de campamento cada día? Porque desde fuera la vida de un monitor parece todo juegos, canciones y risas.

Pero la realidad de este trabajo —que es, sobre todo, una vocación— es mucho más rica, más intensa y más humana de lo que imaginas.

En este artículo vamos a acompañarte durante un día completo en la vida de un monitor de tiempo libre en un campamento de verano. Hay otras actividades más sencillas pero esta es la esencia misma de las funciones de un monitor de ocio y tiempo libre.

Desde esa primera alarma que suena por la mañana hasta que por fin cierras los ojos —bastante más tarde de lo que te gustaría— después de la reunión de equipo. Sin filtros, con ejemplos reales y con toda la información que necesitas si estás pensando en formarte o en dar el salto.

Antes de empezar: ¿qué es realmente un monitor de tiempo libre?

la vida de un monitor de tiempo libre en campamentos

Un monitor de tiempo libre —también llamado monitor de ocio y tiempo libre, o simplemente monitor de campamentos— es el profesional encargado de acompañar, guiar y dinamizar grupos de niños y jóvenes durante actividades de ocio educativo. Campamentos de verano, colonias, ludotecas, actividades extraescolares, albergues… su campo de acción es enorme.

Pero más allá de la definición técnica, un monitor es esa persona que recuerda el nombre de cada niño del grupo el primer día. La que sabe cuándo un chico necesita que le escuchen y cuándo solo quiere que le dejen en paz. La que se queda sin voz al final de la semana de tanto gritar consignas, cantar en veladas y animar en el comedor.

Ese es el trabajo. Y es uno de los más bonitos que existen.

La estructura de un día en el campamento

Antes de entrar en detalle, es útil entender cómo se organiza el tiempo. Aunque varía según el tipo de campamento, los días siguen siempre un esquema parecido:

  • Servicio de despertar
  • Servicio de comedor (desayuno, comida y cena)
  • Actividades de mañana
  • Tiempo libre y vigilancia de pradera
  • Actividades de tarde
  • Velada nocturna
  • Vigilancia nocturna
  • Reunión de equipo de monitores

Vamos por partes.


8:30 h — Levantarse: cuando el campamento despierta (y tú llevas despierto media hora)

El despertar (a veces llamado diana) es ese momento mágico —o temido, según el día— en el que hay que despertar a los acampados. Pero antes de que suene la música o empiece el jaleo, el monitor ya lleva un rato en pie.

¿Por qué tan pronto? Porque hay que prepararse. Vestirse, revisar mentalmente el plan del día, hablar un momento con el coordinador si hay algo urgente y, sobre todo, estar mental y emocionalmente listo para recibir a veinte niños que van desde los que saltan de la cama de un brinco hasta los que hay que llamar cuatro veces.

La diana puede ser tranquila —una música suave, un “¡¡¡BUENOS DÍAS POR LA MAÑANAAAAAA””— o puede ser espectacular en caso de los días temáticos: el equipo de monitores irrumpe en las habitaciones con disfraces, canciones o una historia que conecta con la temática del día. Eso depende del campamento y de la planificación de la semana.

Una vez despiertos, el trabajo del monitor hasta el desayuno o las actividades incluye:

  • Asegurarse de que todos se han levantado (sí, incluido ese niño que siempre se queda dormido)
  • Supervisar que hacen la cama meridianamente bien, se visten correctamente y llevan la ropa adecuada para el día
  • Recordar a quien lo necesite que se lave la cara, se peine o se ponga la gorra si hace sol
  • Revisar el estado general del dormitorio o la tienda: orden, aireación, nada tirado por el suelo

Y aquí aparece uno de los aspectos más desconocidos del trabajo del monitor: el seguimiento individual del grupo.

El seguimiento de tu grupo: mucho más que contar cabezas

la vida de un monitor en campamentos

Una parte fundamental —y que se aprende en la formación pero se interioriza con la práctica— es el seguimiento personalizado de cada acampado. Esto implica cosas que desde fuera pueden parecer nimias pero que son críticas para el bienestar de los niños.


La ropa: un termómetro de muchas cosas

Saber qué ropa tiene cada niño puede parecer tarea de lavandería. En realidad es mucho más. El monitor lleva un registro mental —o escrito, según el campamento— de con qué ha venido cada acampado, qué prendas van gastando, si alguien se ha quedado sin ropa limpia a mitad de semana o si hay prendas perdidas que hay que localizar.

Nosotros solo sacamos de la maleta lo que se van a poner y lo sucio, va a la bolsa de basura de cada niño. De un vistazo puedes ir viendo si esa bolsa está vacía o se va llenando. Y luego, la caja de objetos perdidos se llena y vacía casi cada día.

La realidad es que para los niños, lo de cambiarse la ropa o la higiene no es una prioridad. En el día a día sabes cuando un niño repite camiseta. Pero si un niño lleva tres días con la misma camiseta sudada porque nadie ha revisado si tiene ropa limpia, eso es un fallo del seguimiento.

Cuando descubres a tiempo que a una niña se le ha olvidado traer ropa de abrigo y el miércoles va a refrescar mucho, puedes avisar a los padres o buscar una solución antes de que sea un problema. Ese nivel de atención es el que marca la diferencia.


El baño: un tema delicado pero importantísimo

Especialmente con los más pequeños, el monitor necesita saber si sus acampados han ido al baño. No de forma invasiva, sino con naturalidad.

En campamentos con niños de 6 a 9 años es habitual hacer un recordatorio colectivo antes de cada comida o actividad. Pero también hay que prestar atención individual: hay niños que por vergüenza, por no querer perderse nada o por pura distracción, pasan días sin ir al baño correctamente, lo que puede derivar en problemas de salud reales.

Nosotros de forma rutinaria lo preguntamos cada 2/3 días y el que no ha ido, a botiquín.

Un buen monitor sabe cómo preguntar esto sin que el niño se sienta señalado. Un “¿has pasado ya por los baños?” dicho de paso, sin hacer teatro, suele ser suficiente.

👉 NOTA: Cuidado con el eufemismo de “ir al baño” para los pequeños. Nos ha pasado varias veces que lo entienden literal. Más vale aclarar que se refiere a “hacer caca normal” desde el principio.


Emociones y estado general

El seguimiento no es solo físico. El monitor observa. Sabe quién estaba un poco triste ayer por la noche, quién ha discutido con un amigo, quién parece que está empezando a integrarse después de un comienzo difícil.

Esa información se comparte con el equipo en las reuniones nocturnas y orienta cómo relacionarte con cada persona al día siguiente.

Por ejemplo: si sabes que Martina tuvo una llamada con sus padres que la dejó llorando, al día siguiente te acercas más, la incluyes en las actividades con más mimo, le das una responsabilidad que la haga sentir especial. No hace falta más. Pero hace falta saber.


9:00 h — El desayuno: el comedor como escenario de convivencia

el monitor en horario de comedor

El servicio de comedor es uno de los momentos más intensos del día para un monitor. No porque sea complicado gestionar que treinta niños coman ordenadamente —que también— sino porque es uno de los pocos momentos en los que el grupo está unido, sentado, hablando.

En un campamento bien dirigido el comedor no es solo donde se come. Es donde se construye comunidad. El monitor está presente, anima a los que comen poco, pone límites a los que se pasan y gestiona los inevitables conflictos de “me ha quitado el pan”.

Los servicios de comedor también implican responsabilidades organizativas concretas:

  • Asegurarse de que su grupo llega completo, puntual y en orden
  • Gestionar las intolerancias y alergias alimentarias (esto es crítico: el monitor sabe exactamente qué puede y qué no puede comer cada acampado y debe haber un sistema claro para las alergias alimentarias)
  • Supervisar que comen suficiente sin convertir la comida en una batalla
  • Colaborar con el orden y la recogida según el campamento

Hay monitores que recuerdan durante años “aquella conversación en el desayuno del miércoles cuando me contó que en casa las cosas no iban bien”. El comedor es tiempo de conexión real.


10:00 h — Las actividades de mañana: donde ocurre la magia

las actividades del monitor con su grupo por la mañana

Esta franja horaria suele ser la más intensa en cuanto a programación. Aquí es donde se desarrollan las grandes actividades del campamento: talleres, juegos de rol, actividades deportivas, gymkhanas, juegos de agua, manualidades temáticas…

las mañanas y tardes se dedican a deportes, grandes juegos y talleres. Existe un listado básico de actividades que un monitor debe dominar para mantener siempre a los niños motivados.

Pero antes de que el acampado viva la actividad, el monitor ha trabajado. Y mucho.


La preparación: el trabajo invisible que lo hace todo posible

Una buena actividad no aparece de la nada. Requiere planificación, materiales, ensayo y coordinación. Dependiendo del equipo, la preparación puede ocupar desde media hora hasta una tarde entera del día anterior.

Preparar una actividad implica:

  • Diseñar o revisar la dinámica: qué se va a hacer exactamente, cómo se divide el grupo, cuánto tiempo tiene cada fase, qué pasa si llueve, cuál es el plan B
  • Conseguir y preparar los materiales: pintura, cartón, cuerdas, disfraces, globos, lo que haga falta
  • Repartir roles entre los monitores: quién explica, quién controla el tiempo, quién está pendiente de los más pequeños o de los que se desconectan
  • Anticipar problemas: ¿qué hacemos si un grupo termina antes? ¿qué pasa si un niño no quiere participar?

Todo esto se habla en la reunión de equipo de la noche anterior. Pero el trabajo de preparación muchas veces continúa en ratos libres, a la hora de la siesta o después de que los acampados se acuestan.


14:00 h — La comida y la siesta: el único respiro real del día

La comida del mediodía sigue la dinámica del desayuno, con más energía acumulada y más posibilidades tanto de buenos momentos como de conflictos.

Después de comer viene la siesta o el tiempo de descanso. Para los acampados, es una pausa de actividades organizadas y su tiempo libre para elegir lo que quieren hacer. Para parte de los monitores, es —en teoría— también un momento de descanso.

En la práctica, algún día se aprovecha para preparar materiales para la tarde, resolver incidencias o hablar con el coordinador sobre algo urgente.

No te voy a mentir: la acumulación de cansancio durante los días de campamento es real. Los monitores que no aprenden a descansar cuando pueden acaban la semana funcionando por inercia. Descansar o dormir la siesta cuando toca no es debilidad. Es profesionalidad.

15h — Vigilancia de pradera: el tiempo libre no es tiempo sin monitor

servicio de vigilancia juegos de mesa y tiempo libre

Entre actividades, después de comer o en momentos de transición, los acampados tienen tiempo libre. Pueden jugar, descansar, leer, relacionarse. Pero ese tiempo tiene siempre monitores de guardia.

La vigilancia de pradera —o de zona, según el campamento— es uno de esos servicios que se subestiman enormemente. Parece fácil: “solo tienes que estar ahí mirando”. En realidad requiere una atención sostenida y activa.

Los monitores de pradera o de guardia estan pendientes de:

  • Que nadie se aleje de la zona delimitada
  • Sacar juegos de mesa o balones y luego recogerlos
  • Que los juegos espontáneos no deriven en conflictos o en situaciones de riesgo físico
  • Que todos los acampados estén localizados y en buen estado
  • Detectar dinámicas problemáticas: el niño que está solo de forma recurrente, el que está llorando en un rincón, el grupo que está formando una dinámica de burlas

Y también —esto es importante— dejar espacio. Un buen vigilante de pradera no está encima de los niños todo el rato, pero tampoco los pierde de vista. Es ese equilibrio difícil entre supervisar y permitir que tengan su autonomía.

Muchos de los momentos de conexión más genuina con los acampados ocurren precisamente aquí. Un niño que se sienta a tu lado en silencio y de repente empieza a contarte cosas. Una conversación improvisada que te da información valiosísima sobre cómo está viviendo el campamento. No lo planificas. Simplemente ocurre.

16:45 h — Las actividades de tarde: grandes juegos y días temáticos

el dia tematico del campamento para un monitor

La tarde suele tener una energía diferente. Los acampados han comido, han descansado y están listos para actividades más dinámicas o de mayor carga emocional. Aquí es donde entran en juego algunas de las propuestas más características de un campamento.


Los grandes juegos: la actividad reina del campamento

El gran juego es una de las experiencias más definitorias de cualquier campamento de calidad. Se trata de una actividad de larga duración —entre una y cuatro horas— que implica a todo el campamento, con equipos, pruebas, narrativa y, muchas veces, un escenario temático.

Puede ser una gymkhana clásica con pruebas físicas o un juego de rol donde cada equipo es una civilización que tiene que superar desafíos. Puede ser una búsqueda del tesoro con pistas distribuidas por todo el terreno. O una guerra de agua épica con estrategia, alianzas y zonas de color.

Lo que hace grande a un gran juego no son los materiales o la decoración. Es la preparación, la emoción y cómo el equipo de monitores lo conduce. Un gran juego bien ejecutado es algo que los niños recuerdan durante años.

Prepararlo puede llevar horas. Los monitores trabajan en equipo para diseñar las pruebas, esconder los elementos en el terreno, preparar disfraces o decorados si los hay, ensayar los papeles que cada uno va a interpretar y asegurarse de que las reglas son claras y justas.

Los días de gran juego o días temáticos, el equipo está completamente volcado. No hay momentos de descanso. Hay que sostener la narrativa, gestionar conflictos en tiempo real —porque siempre hay alguien que hace trampa o que se enfada—, animar a los equipos que van perdiendo y asegurarse de que todos, incluidos los más tímidos o los menos competitivos, tienen un momento de protagonismo.


Los días temáticos: cuando el campamento se convierte en otro mundo

Muchos campamentos organizan días temáticos: un día entero en el que la decoración, las actividades, la comida, los disfraces y hasta el vocabulario giran en torno a un tema concreto. Piratas, medievales, el antiguo Egipto, el espacio, los años 80, superhéroes…

Un día temático bien hecho requiere coordinación total del equipo. Desde que los acampados se despiertan hasta que se acuestan con una velada que cierra el día, todo está pensado para que la inmersión sea total.

El trabajo del monitor en un día temático es triple: mantener la magia del ambiente, participar activamente del rol que le corresponde y seguir haciendo todo lo que hace normalmente: seguimiento del grupo, gestión de conflictos, supervisión de seguridad. Eso mientras va disfrazado de pirata desde las ocho de la mañana.

👉 NOTA: Si se van a realizar varios días temáticos, no tienen porque durar el día entero pues puede hacerse muy largo. Puede hacerse toda la mañana y poner una película (especialmente cuando es temática relacionada) o bien empezar por la tarde y acabar con la velada.

También puede tematizarse el campamento completo y cada día, dedicar parte a esa temática relacionada.


22:00 h — La velada: el momento más especial del día

Veladas en la vida del monitor en campamentos

Si tuvieras que elegir un solo momento que define la esencia de un campamento, muchos monitores y muchos exacampados elegirían la velada.

La velada es la actividad nocturna, generalmente después de cenar, que cierra el día. Puede durar entre cuarenta minutos y dos horas, y puede tener formatos muy distintos:

Veladas de actuación o teatro. Los monitores —o los propios acampados— representan una obra, una historia, un musical. Requieren ensayos, vestuario y producción. Cuando salen bien, son momentos de pura emoción compartida.

Veladas de participación. Los equipos compiten o colaboran en retos sobre un escenario: concursos de mímica, trivials temáticos, battles de canciones, coreografías improvisadas. El público participa activamente.

Veladas de reflexión o cierre. Especialmente al final del campamento, es habitual una velada más íntima: una hoguera, canciones, palabras de despedida, cartas escritas durante la semana que se entregan en ese momento. Son las veladas que provocan lágrimas, de los acampados y de los monitores.

Veladas temáticas. Cuentacuentos de terror con luces apagadas y linternas. Noche de Halloween con tramoya y sustos reales. Noche de estrellas con telescopios y astronomía. La creatividad del equipo marca el límite.

Una velada no se improvisa. El equipo la prepara con antelación: guion, materiales, distribución de roles, ensayos si los hay, música si se necesita.

Durante la velada el monitor está en alerta constante: no es solo un animador, está leyendo el estado del grupo, respondiendo a lo que pasa, gestionando al acampado que se porta mal o al que tiene miedo y no quiere estar en la oscuridad.

23:30 h — Vigilancia nocturna: cuando el campamento duerme (menos tú)

Una vez que los acampados están en sus camas, el campamento entra en modo nocturno. Pero el trabajo no termina.

La vigilancia nocturna consiste en turnos rotativos entre los monitores para supervisar que todo está bien mientras se duermen.

El monitor de turno recorre los dormitorios periódicamente, comprueba que no hay nadie despierto que necesite atención, atiende a quien tiene pesadillas o le entra el miedo, gestiona al que siempre quiere levantarse a beber agua y mantiene la seguridad mientras el campamento descansa.

En esas rondas nocturnas ocurren conversaciones que no ocurrirían de día: el niño que no puede dormir y quiere hablar, la adolescente que al amparo de la oscuridad te dice que está pasándolo mal, el grupo que está haciendo una guerra de almohadas que hay que parar sin romper la magia de la noche.

El monitor hace estas rondas en silencio, con linterna, respetando el descanso de los que duermen pero completamente atento a lo que pueda necesitar cualquiera.


23:55 h — La reunión de equipo: el corazón del campamento

Después de que todo el campamento duerme, el equipo de monitores se reúne. Esta es, sin duda, una de las partes más importantes y menos visibles de la profesión.

La reunión nocturna de monitores no es una reunión burocrática. Es el espacio donde el equipo procesa el día, toma decisiones y prepara el siguiente. Y es también, en muchos campamentos, donde el equipo humano que forman esos monitores se construye de verdad.

reunion nocturna diaria en la vida de los monitores

¿Qué se habla en una reunión de monitores?

Evaluación del día. ¿Cómo ha ido? ¿Qué ha funcionado y qué no? ¿Ha habido incidencias que hay que registrar o comunicar?

Seguimiento de casos concretos. Aquí es donde se comparte la información sobre los acampados que lo necesitan. “María ha estado muy callada hoy, parece que algo le pasa”. “Iñaki ha tenido una discusión fuerte con su grupo, hay que estar pendientes mañana”. “Lucas lleva tres días sin comer bien en el comedor”. Esta información guía la acción del día siguiente.

Planificación del día siguiente. Se revisa la programación prevista, se ajustan actividades si es necesario, se reparten responsabilidades y se preparan los materiales urgentes. Si hay una velada especial o un gran juego al día siguiente, se revisan los últimos detalles.

Estado del equipo. Cómo está cada monitor, si alguien está cansado o desbordado, si hay tensiones internas que resolver. Un buen coordinador dedica tiempo a esto porque sabe que el equipo de monitores es tan importante como los acampados.

El día termina con una reunión de evaluación junto al equipo. Si no tienes clara la diferencia de roles en estas reuniones, te recomendamos leer nuestro análisis sobre las diferencias entre monitor de tiempo libre y coordinador de tiempo libre.

Estas reuniones suelen terminar entre las doce y la una de la madrugada. A veces más tarde. Y al día siguiente la alarma vuelve a sonar a las ocho de la mañana.

El trabajo en equipo: la columna vertebral de todo

Un campamento no funciona con monitores sueltos. Funciona con equipos. El trabajo en equipo no es opcional ni un valor añadido. Es la estructura que sostiene todo lo demás.

Los monitores están en comunicación permanente. Se avisan de lo que ven, se piden ayuda cuando la necesitan, se cubren mutuamente cuando uno tiene que resolver algo urgente.

Si un monitor está llevando a un niño al botiquín, alguien del equipo automáticamente asume la supervisión de su grupo. No hace falta pedirlo. Es parte de la cultura de equipo.

En un equipo bien engrasado cada persona asume los roles donde más aporta. Hay quien tiene un don para la animación y la energía del escenario. Hay quien es extraordinario en el acompañamiento uno a uno de los acampados más difíciles. Y quien organiza o coordina con una cabeza privilegiada para la logística. Un buen coordinador identifica estos talentos y los aprovecha.

Y los monitores también se llevan mal a veces. Trabajan juntos muchas horas, con muy poco sueño, en situaciones de alta presión emocional. Los conflictos ocurren. La diferencia entre un equipo que funciona y uno que se rompe está en cómo se gestionan: con honestidad, en el espacio adecuado —generalmente la reunión de la noche—, con voluntad de solución.

Muchos monitores con experiencia dicen que aprendieron más sobre trabajo en equipo en sus primeros campamentos que en cualquier otra experiencia profesional posterior.

Las excursiones: cuando el campamento sale al mundo

excursiones en la vida del monitor

Las excursiones suponen un nivel de responsabilidad adicional para los monitores. Una salida puede ser una ruta a un entorno natural, una visita cultural, una actividad de aventura fuera del recinto o una jornada en un parque temático. Sea lo que sea, los acampados están en un entorno no controlado y la supervisión requiere aún más coordinación.

Antes de salir, el monitor se asegura de que cada acampado lleva lo necesario: agua, protección solar, ropa adecuada, medicación si la tiene. Repasa las normas con el grupo. Y tiene en mente siempre el protocolo de emergencia: qué hacer si alguien se pierde, si hay un accidente, si alguien se pone enfermo lejos del campamento.

Durante la excursión los monitores se distribuyen estratégicamente: alguien en cabeza del grupo, alguien al final, los más atentos a los laterales. Se hacen recuentos periódicos. Se gestiona el ritmo para que nadie se quede atrás ni físicamente ni emocionalmente.

Y al mismo tiempo se aprovecha el entorno. El monitor que convierte una subida al monte en una lección de orientación y observación de la naturaleza. La visita a un pueblo con historia que se convierte en un momento de descubrimiento genuino. Eso no ocurre solo. Lo propicia el monitor.

El agotamiento real: lo que nadie te cuenta y deberías saber

Vamos a ser honestos. Ser monitor de tiempo libre es agotador.

  • Físicamente, por las horas de pie, los servicios nocturnos y el ritmo constante.
  • Emocionalmente, por la intensidad de las relaciones, la responsabilidad de estar pendiente de varias personas a la vez y el peso de gestionar los momentos difíciles.

Un turno de campamento de varios días puede equivaler, en términos de exigencia, a varias semanas de trabajo convencional. Los monitores con experiencia saben esto y aprenden a gestionarlo: descansar cuando se puede, pedir apoyo al equipo cuando se necesita, no llevarse la mochila emocional del campamento a casa.

Y aun así, la inmensa mayoría de los monitores que han hecho varios campamentos lo repetirían. Porque el nivel de satisfacción, de conexión humana y de aprendizaje personal que da este trabajo no lo da casi ningún otro.

¿Cuántas horas se trabaja al día como monitor?

Aunque los contratos estipulan una jornada laboral estándar, la realidad en un campamento residencial es que la disponibilidad es de 24 horas.

No se trabaja todo el rato; hay que dormir, comer etc. y se buscan momentos para desconectar. Pero al convivir con menores de edad, el equipo de monitores realiza turnos de guardia y debe estar alerta ante cualquier emergencia, o necesidad que tengan los niños durante la noche.

Siempre he dicho que te conviertes en padre o madre de un grupo de niños durante 15 días/24 horas. Eso no se vive en otro contexto. Y eso se nota el último día. Muchos monitores lloran de emoción o echan de menos a sus niños durante días.

Lo que te enseña ser monitor y no encontrarás en ningún aula

actividades en el dia a dia del monitor de tiempo libre

La formación del monitor de tiempo libre te da herramientas. Pero hay cosas que solo aprende quien se pone en el campo.

  • Aprenderás a leer a las personas. Después de varios campamentos desarrollas un sexto sentido para detectar cómo está alguien con solo mirarle. Sabes cuándo la risa de un niño es genuina y cuándo está forzada. Eso es una habilidad para toda la vida.
  • Aprenderás a trabajar bajo presión. Cuando tienes que gestionar una pelea en el comedor mientras la velada empieza en diez minutos, el material que necesitas está mojado bajo la lluvia y uno de tus monitores tiene la cabeza en otro sitio: ahí aprendes lo que es la gestión real de situaciones complejas.
  • Aprenderás que la planificación es importante y la flexibilidad, imprescindible. El mejor gran juego de la historia puede irse al traste por la lluvia, por un conflicto no previsto o simplemente porque el grupo ese día no estaba para eso. El monitor que se aferra al plan a pesar de todo fracasa. El que sabe cuándo soltar el plan y construir algo nuevo en tiempo real triunfa.
  • Aprenderás sobre ti mismo. Que tienes más paciencia de la que creías. O menos. Que te cuesta pedir ayuda. Que eres muy bueno animando grupos pero te cuesta el trabajo individual. El campamento es un espejo sin filtros.
  • Descubrirás un montón de actividades y lugares. ¡¡Trabajas haciendo actividades de ocio!!. Piragua, caballo, excursiones etc. Nada de oficina.
  • Y muy importante: VOLVERÁS A SER NIÑO. Volverás a jugar y a reir como loco con tus niños en los diferentes juegos y actividades.

¿Es el trabajo de monitor de tiempo libre para ti?

Si estás considerando formarte como monitor de tiempo libre, estas son las preguntas que de verdad marcan si esta es tu vocación:

  • ¿Disfrutas genuinamente de la compañía de niños y adolescentes, más allá de la idea romántica?
  • ¿Eres capaz de cuidar de otros mientras tú estás cansado o pasando un mal momento personal?
  • ¿Toleras bien la incertidumbre, los cambios de planes y las situaciones imprevistas?
  • ¿Puedes trabajar en equipo de forma real, ceder protagonismo y pedir ayuda?
  • ¿Tienes —o estás dispuesto a desarrollar— paciencia, empatía y presencia?

Si la mayoría de las respuestas son sí, probablemente tienes más de lo que necesitas para empezar. Nuestros cursos de monitores de tiempo libre, realizados durante un campamento real, te formarán para trabajar con soltura.

Por otro lado, si:

  • No te gustan o no disfrutas de los niños.
  • Te apuntas al curso de monitor de tiempo libre porque no tienes otra cosa que hacer.
  • Quieres hacerte rico económicamente ahora mismo
  • Buscas ligar…

Es el momento de que te replantées hacer otra cosa. Los niños no son latas y para centrarse en ligar o en ganar dinero hay otros muchos trabajos y lugares.

Preguntas frecuentes sobre el día a día en un campamento

Si estás pensando en realizar nuestro curso o simplemente quieres saber cómo funciona la convivencia en estas instalaciones, aquí resolvemos las dudas más comunes de los futuros profesionales.

¿Cómo gestionan los monitores la “morriña” o el llanto de los niños por las noches?

Es una de las situaciones más comunes, especialmente en los primeros días. Se valida el sentimiento del menor (“es normal que extrañes a tus padres”), se le acompaña en un espacio tranquilo y se desvía su atención hacia las dinámicas del día siguiente. Además, un conocimiento profundo en la gestión de grupos difíciles como monitor ayuda al equipo a estrechar lazos con el niño.

¿Qué pasa si un niño se pone enfermo o tiene un accidente durante el día?

Ante incidencias menores (raspones o picaduras), el equipo cuenta con un botiquín completo. Si la situación requiere valoración médica, se traslada de inmediato al menor al centro de salud local y se avisa a los padres. Todo el personal y los participantes están respaldados por las coberturas de la responsabilidad civil del monitor de tiempo libre.

¿Cómo es la rutina diaria típica y qué actividades se realizan?

La rutina es intensa. Comienza con el despertar de los acampados y el desayuno. El grueso de la jornada se divide en bloques de mañana y tarde donde se ejecutan las actividades (grandes juegos, yincanas o talleres artesanales). Tras la cena, llega la velada nocturna y, finalmente, la reunión de evaluación del equipo.

¿Cuáles son los requisitos y el sueldo medio por trabajar en un campamento?

Para ejercer legalmente debes ser mayor de 18 años, contar con el Certificado Negativo de Delitos de Naturaleza Sexual y tener el título oficial. Respecto al salario, el Convenio Colectivo de Ocio Educativo; un monitor suele percibir entre 500€ y 800€ netos por quincena, teniendo cubiertos al 100% los gastos de alojamiento y manutención completa. Si quieres dar el paso y conseguir tu titulación, infórmate ya sobre nuestros cursos de monitor de tiempo libre.

Conclusión: un día que no se parece a ningún otro

Releer todo esto de corrido puede abrumar un poco. El día a día en la vida de un monitor es intenso: Levantarse, comedor, actividades, vigilancia, velada, reunión… parece un día imposible. Y en cierto modo lo es: imposible de describir del todo, porque lo que no captura ninguna lista de tareas es la textura humana de ese día.

La cara de un niño cuando gana su equipo en el gran juego. La conversación de madrugada con un compañero monitor que se ha convertido en amigo. El silencio de la hoguera de clausura. El abrazo de un acampado que al llegar el primer día no quería estar ahí y al marcharse no quiere irse.

Eso es lo que hace un monitor de tiempo libre. Y eso es, también, lo que un monitor de tiempo libre se lleva para siempre.


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Israel Perez-Lorenzo

Pedagogo y profesional del ocio educativo, vinculado a los campamentos de verano desde la infancia. Director, coordinador y formador en más de un centenar de programas y actividades de tiempo libre. Más de 30 años de trayectoria profesional ligada a la educación en el tiempo libre.

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