
Alergias en campamentos de verano: qué nos dicen 10 años de datos reales
Uno de cada cuatro niños que se inscribe hoy en un campamento Eduma llega con alguna alergia, intolerancia, condición médica o indicación especial de cuidado declarada por sus padres. En 2015, era uno de cada seis. En diez años, esa proporción ha crecido casi un 70%.
No es una percepción. Son 5.255 estancias analizadas, diez temporadas de verano consecutivas y un registro sistemático que arranca en 2015. El Observatorio Eduma publica su primer informe monográfico: Alergias e Indicaciones Parentales en Campamentos con Pernocta 2015–2025.
Los datos muestras una evolución clara, y lo que dicen merece atención.
Qué es el Observatorio Eduma y por qué existe
Llevamos 50 años organizando campamentos de verano. En ese tiempo hemos gestionado la realidad de miles de familias: sus miedos al despedirse, su confianza al entregarnos a sus hijos, y también sus indicaciones, sus protocolos, sus alergias y sus medicaciones.
Durante años esa información vivió en listados por turno, en registros de enfermería, en notas de cocina. Útil para operar, pero nunca sistematizada para aprender. El Observatorio Eduma nace para cambiar eso: convertir la información operativa acumulada en conocimiento riguroso, honesto y citable.
No pretendemos reemplazar estudios epidemiológicos ni hacer extrapolaciones a la población general.
Nuestra base es específica y muy concreta — solo campamentos con pernocta de 7 a 15 días, menores de 6 a 17 años, temporadas de verano en España— y sus límites están documentados con precisión.
Lo que sí ofrecemos es algo que la mayoría de estudios del sector no tienen: datos longitudinales reales de una misma organización a lo largo de una década completa.
Este artículo completa los hallazgos más relevantes del primer informe sobre la evolución y transformación de los campamentos de verano centrándose en las alergias e indicaciones declaradas.
Aquí puede descargarse el informe completo sobre la evolución de las alergias en campamentos de verano 2015-2025 (pdf).
El dato de partida: las declaraciones se han disparado

La tasa de campistas que declara alguna necesidad especial en el momento de la inscripción ha pasado del 16,7% en 2015 al 28,4% en 2025. Once coma siete puntos porcentuales de diferencia. Un aumento relativo del 70%.
Para ponerlo en contexto práctico: en un turno de 100 niños en 2015, el equipo de cocina y enfermería gestionaba las necesidades de 17 campistas. En 2025, gestiona las de 28. Y algunas de esas necesidades son considerablemente más complejas que hace diez años.
La serie no es lineal. Hay dos etapas claramente diferenciadas:
Antes de la pandemia (2015–2019): La tasa media fue del 18,5%. El crecimiento fue gradual y moderado. Las alergias alimentarias clásicas y las alergias primaverales dominaban el cuadro.
Después de la pandemia (2021–2025): La tasa media sube al 24,7%. El primer año tras el cierre ya superó el máximo histórico pre-pandemia, y la curva no se ha estabilizado. En el último tramo aparecen con fuerza la salud mental, la medicación neuropsiquiátrica y las alergias alimentarias múltiples.
¿Significa esto que los niños de hoy son más problemas de salud declarados? No necesariamente, o no solo.
El informe distingue con cuidado dos factores que el dato bruto no puede separar: un aumento real de la prevalencia de alergias y condiciones en la población infantojuvenil española —que la evidencia pediátrica confirma— y una mayor disposición de las familias a declarar situaciones que antes podían omitir. Ambos factores están operando. El informe documenta el efecto neto sin tomar partido sobre cuál pesa más.
Lo que más ha crecido: un recorrido por las categorías

Intolerancia a la lactosa: se ha duplicado
De un 2,1% en 2015 a un 4,2% en 2025. La intolerancia a la lactosa es la categoría con mayor crecimiento relativo dentro de las alergias alimentarias.
El dato operativamente más interesante no es el porcentaje, sino lo que los padres escriben espontáneamente en las fichas de inscripción: una parte significativa distingue entre intolerancia a la leche líquida e intolerancia a todos los lácteos.
Muchos menores toleran sin problema el yogur o el queso curado, pero no la nata ni la leche en vaso. Esa distinción tiene consecuencias directas en la gestión de menús: no requiere sustitución completa, sino adaptación por elaboración. Los equipos de cocina de Eduma han incorporado ese matiz como protocolo estándar.
Medicación para el TDAH: el mayor crecimiento de toda la serie
De un 2,2% en 2015 a un 6,8% en 2025. Un incremento del 209%. En el tramo de 10 a 14 años, es hoy la observación médica declarada con más frecuencia.
Los fármacos más habituales son el metilfenidato en sus distintas formulaciones (Concerta, Ritalin, Medikinet, Rubifen) y la lisdexanfetamina (Elvanse). Los padres no solo indican el nombre del fármaco: especifican el horario, si el menor hace “vacaciones de medicación” en verano y si la dosis se ajusta para el periodo vacacional. Esa información tiene consecuencias operativas directas sobre la gestión de grupos.
Este dato debe leerse con la cautela que merece: la declaración de medicación para el TDAH es voluntaria y puede reflejar tanto mayor prevalencia real como mayor apertura social para declararla. Probablemente ambas cosas a la vez. Se ha de contemplar el hecho constatado de que muchos niños que toman esta medicación la dejan de tomar en vacaciones.
En cualquier caso, el impacto sobre la formación del personal es indiscutible.
Alergia a frutos secos: más frecuente y más grave
Del 2,4% al 4,1%. Un incremento del 71% en diez años. Pero el número no cuenta la historia completa.
A lo largo de la serie completa se registran 104 menciones de alergias a frutos secos en los listados de inscripción, que corresponden a aproximadamente 62 personas únicas distintas. En 2025 específicamente, 16 campistas declararon alergia a algún fruto seco repartidos en diez destinos diferentes.
El desglose por alérgeno revela un dato relevante: el anacardo emerge como alérgeno nuevo. Sus menciones se concentran en los últimos tres años de la serie, lo que sugiere una incorporación reciente a los patrones de consumo pediátrico. Es un ejemplo de cómo los cambios en la dieta de la población adulta —el anacardo es habitual en snacks saludables y cocina asiática— acaban llegando a los registros de salud infantil.
La gravedad declarada también ha aumentado. Las referencias a reacciones anafilácticas con necesidad de adrenalina son proporcionalmente más altas en el tramo 2022–2025 que en 2015–2019. Lo que nos lleva al siguiente apartado.
Autoinyectables de adrenalina: máximo histórico en 2025
En 2025 se custodian 10 dispositivos de adrenalina autoinyectable en los campamentos Eduma. Es el máximo histórico de la serie. En 2015 eran 4.
El crecimiento entre los extremos de la serie es del 150%: el valor final es 2,5 veces el inicial. Una precisión técnica que vale la pena subrayar: decir que “se ha triplicado” sería incorrecto. El dato exacto y publicable es un incremento del 150%.
La distribución operativa en 2025 incluye destinos en Toledo, Guadarrama, Asturias (con al menos 5 unidades entre sus turnos) y la zona levantina (Xeraco, Águilas). Las marcas registradas incluyen Jext 300, Altellus y EpiPen. Se ha documentado al menos un caso de prescripción de “adrenalina doble” —dos unidades para un mismo campista— para cubrir una posible segunda dosis en caso de reacción bifásica. Un protocolo cada vez más habitual en las prescripciones de alergólogos pediátricos.
La consecuencia práctica es clara: en 2015, un dispositivo en un turno de 683 plazas era un caso excepcional concentrado en pocos destinos. En 2025, con 10 dispositivos en 521 plazas, la mayoría de destinos activos tiene al menos un campista con riesgo de anafilaxia severa. La formación en el uso de autoinyectables ha dejado de ser una especialización para convertirse en un requisito básico del personal de campo.
Alergias ambientales: la categoría más frecuente en 2025
Con un 12,9% del universo analizado, las alergias ambientales —gramíneas, olivo, arizónicas, ácaros— son la categoría con mayor porcentaje de declaración en la temporada más reciente. Frente al 8,4% estimado al inicio de la serie, el incremento es del 53,5%.
La particularidad del contexto de campamento es relevante: los primeros turnos de verano coinciden con el período de máxima concentración de pólenes de gramíneas, y los destinos operan en entornos naturales con alta exposición. Un mismo diagnóstico de “alergia al polen” tiene implicaciones muy distintas en la sierra madrileña, en la costa asturiana o en el interior de Castilla.
Asma: crecimiento sostenido y sin inflexiones
Del 3,2% en 2015 al 5,9% en 2025. El crecimiento del asma declarada es uniforme a lo largo de toda la serie, sin los saltos post-pandemia que se observan en otras categorías. La demanda de broncodilatadores de rescate antes de actividad física intensa se ha convertido en una constante operativa. En muchos registros los padres especifican las condiciones precisas de uso: solo con ejercicio aeróbico intenso, también ante cambios de temperatura, con dosis preventiva antes de pruebas de larga duración.
Celiaquía: estricta o con trazas, la distinción importa
La prevalencia ha pasado del 1,7% al 2,3%, con tendencia suave y sin picos. Pero el dato más interesante no es el porcentaje: es la calidad de la información que los padres proporcionan.
El análisis de los registros nominales permite una distinción que pocos estudios sectoriales pueden ofrecer: el 92% de los casos corresponden a celiaquía diagnosticada con dieta estricta sin gluten. El 8% restante se registra como “intolerancia al gluten: puede tomar alimentos con trazas”, una categoría funcionalmente distinta que la literatura médica denomina sensibilidad al gluten no celíaca.
La diferencia es operativamente crítica: el primer grupo requiere protocolos de separación en cocina, no solo sustitución de ingredientes. El segundo permite una gestión menos restrictiva. Confundir ambos casos en un único protocolo implica sobredimensionar la respuesta en un grupo y arriesgar la seguridad en el otro.
El fenómeno de la multialergia
Si hay un indicador que resume el cambio de complejidad en la gestión de campamentos a lo largo de esta década, es la multialergia: campistas con tres o más necesidades cruzadas.
En 2015 eran 4 campistas (0,58% del censo). En 2025 son 23 campistas (4,4% del censo). Un crecimiento del 662% en términos de prevalencia relativa.
Conviene leer ese porcentaje con los valores absolutos siempre visibles —los números son pequeños— pero la tendencia es inequívoca. Y lo que ha cambiado no es solo cuántos campistas tienen varias necesidades, sino qué combinaciones aparecen.
Los perfiles actuales típicos combinan una restricción alimentaria grave (celiaquía o alergia anafiláctica a frutos secos), una condición respiratoria (asma estacional) y medicación pautada diaria (antihistamínico o broncodilatador). La gestión simultánea de esas combinaciones en cocina y enfermería representa una carga operativa cualitativamente distinta a la que existía al inicio de la serie.
Para nombrar esta realidad operativa, el Observatorio Eduma propone un índice de complejidad asistencial con cuatro niveles:
- Nivel 1: Adaptación alimentaria simple (intolerancia sin riesgo de reacción grave).
- Nivel 2: Alergia con medicación de rescate o medicación diaria pautada.
- Nivel 3: Múltiples alergias o medicación con supervisión activa requerida.
- Nivel 4: Necesidades complejas con coordinación simultánea de cocina, enfermería y monitor.
En 2025, los perfiles de nivel 3 y 4 representan el 4,4% del censo. En 2015 eran el 0,58%.
Nuevos alérgenos, nuevas dietas, nuevas complejidades

Una de las tendencias más llamativas de la segunda mitad de la serie es la aparición de alergias a alimentos que hace diez años no existían en los registros de campamentos: sésamo, quinoa, aguacate, anacardo, lentejas, guisantes.
El patrón coincide con cambios observados en los hábitos alimentarios actuales, aunque este informe no analiza causalidad: la exposición masiva a estos alimentos en la primera infancia, favorecida por las tendencias de alimentación saludable y las dietas basadas en plantas (plant-based), está generando nuevas sensibilizaciones.
Para el operador de campamentos, el desafío específico es que estos alérgenos pueden aparecer en preparaciones donde no son el ingrediente principal: un aliño con tahini (sésamo), un pan especial con quinoa, una guarnición con aguacate en dados.
En paralelo, las dietas por convicción —vegetarianismo y veganismo— han pasado de 2 casos identificados en los primeros años de la serie a un estimado de 10 en 2025. El 83% son mujeres, el 90% tienen entre 12 y 17 años.
La base de partida sigue siendo pequeña, pero la tendencia es real y documenta la entrada de una categoría de gestión que no existía al inicio.
Lo que los datos dicen sobre salud mental
A partir de 2021, los registros muestran un aumento visible en la declaración de medicación para la estabilidad emocional en adolescentes. Inhibidores de la recaptación de serotonina (sertralina, fluoxetina), ansiolíticos de baja potencia. En algunos registros aparecen referencias explícitas a ansiedad generalizada o trastornos de la conducta alimentaria como contexto de la prescripción.
El incremento en el reporte de ansiedad y psicofármacos en el periodo post-pandemia es del 210%. Con la limitación importante de que estas declaraciones son completamente voluntarias y dependen de la confianza de la familia en el operador. El porcentaje combina, de forma que los datos no pueden disociar, un aumento real de la prevalencia y una mayor apertura a declarar.
Lo que sí es constatable es el impacto operativo: estos registros han requerido la incorporación de protocolos de gestión de medicación psiquiátrica —custodia, horario, confidencialidad— que no existían de forma explícita en los manuales de campamento al inicio de la serie.
Lo que este informe no dice (y por qué importa saberlo)
El Observatorio Eduma trabaja con sus propios datos y no cruza fuentes externas en los análisis cuantitativos. Eso tiene consecuencias sobre lo que el informe puede y no puede afirmar.
- Lo que afirma con certeza: tendencias documentadas en las inscripciones a lo largo de diez años. Tasas anuales. Distribuciones por alérgeno. Recuentos de dispositivos.
- Lo que estima o sugiere: correlaciones con tendencias pediátricas externas, interpretaciones sobre por qué crecen determinadas categorías, proyecciones implícitas.
- Lo que no puede decir: si los datos de Eduma son representativos de otros operadores de campamentos en España, ni cuánto del crecimiento en las tasas de declaración corresponde a mayor prevalencia real frente a mayor disposición a declarar.
Esta distinción no es una limitación retórica. Es la base de la credibilidad del informe.
Implicaciones para el sector
Los datos tienen consecuencias prácticas que van más allá de Eduma.
Para los equipos de cocina de cualquier campamento con pernocta: la combinación de multialergia, alérgenos emergentes y dietas por convicción ha transformado la gestión de menús en una tarea que requiere comunicación formal y verificable con los proveedores, no instrucciones verbales. La distinción entre celiaquía estricta e intolerancia con tolerancia a trazas, y entre intolerancia a leche líquida y a todos los lácteos, son ejemplos de matices con consecuencias reales.
Para la formación del personal: el uso de autoinyectables de adrenalina, la administración de medicación TDAH con horarios pautados, y la gestión confidencial de psicofármacos son competencias que han entrado en el perfil del monitor y coordinador durante la última década. No son ya especializaciones opcionales.
Para los protocolos de confidencialidad: el incremento de declaraciones en salud mental, enuresis y dietas por convicción requiere marcos explícitos de confidencialidad que protejan al menor dentro del grupo.
Para las familias: los datos sugieren que la disposición a declarar ha aumentado. Eso es positivo. Un coordinador o monitor que sabe que un niño lleva adrenalina puede salvarle la vida. Un monitor que desconoce la medicación de un campista porque los padres pensaron que “no era para tanto” no puede hacer su trabajo.
En Eduma realizamos varios artículos sobre el tratamiento de las alergias alimentarias durante los campamentos de verano, así como el tratamiento de otro tipo de alergias y precauciones.
Cómo seguirá el Observatorio Eduma

Este primer informe sobre alergias y enfermedades declaradas es el punto de partida de una serie anual. Cada temporada añadirá nuevos datos a la base, lo que permitirá afinar las tendencias, detectar inflexiones y, con el tiempo, comparar las trayectorias de diferentes condiciones con mayor robustez estadística.
Los próximos análisis previstos incluyen la actualización del estudio del perfil de campista por franja de edad en profundidad, un análisis de la gestión operativa por destino y tipo de turno, y la ampliación de la base a otras categorías de actividad de ocio educativo más allá de los campamentos con pernocta.
El informe completo, con tablas, metodología detallada y gráficas interactivas, está disponible en descarga gratuita.
Descarga el informe completo
Observatorio Eduma — Alergias e Indicaciones Parentales en Campamentos con Pernocta Análisis longitudinal 2015–2025 · Primera edición · 2025
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Los datos de este informe proceden exclusivamente de los registros de inscripción de Eduma. No se han utilizado ni cruzado fuentes externas en la elaboración de los análisis cuantitativos.
